lunes, 8 de abril de 2013

Lenguaje Sexista

En esta oportunidad adjuntare los links para ver dos entrevistas de la famosa escritora nacional y ganadora del premio Magón 2012 Yadira Calvo, así como otra dirección para ver una entrevista con el escritor costarricense Carlos Díaz Chavarría en el programa Hoy quien habla sobre su libro feminista La otra mitad de mi diferencia.







Tildeton































martes, 2 de abril de 2013

Actividad sobre lenguaje sexista

En esta oportunidad publicaré una actividad relacionada con el lenguaje sexista, le invito a que la realice y de su opinión sobre si el lenguaje actualmente es tanto feminista, machista o neutro. En el ejercicio deberás reflexionar de forma individual las siguientes frases y enunciados que se le presentarán, al lado de cada uno pondrás una letra S si estas de acuerdo con la premisa o la letra N si estas en desacuerdo con esta.


  • La lingüística es una ciencia neutra, no tiene género.
  • La lengua obedece a unas reglas de combinación gramaticales y por tanto no puede ser sexista.
  • El término “hombre” designa a la especie de los mamíferos racionales y se refiere por igual a los individuos de sexo masculino y femenino.
  • Si admitimos que el lenguaje es sexista acabaremos dando por buenos términos como “tortugo” y “futbolisto.”
  • El masculino es el genérico que se debe utilizar para referirse a personas de ambos sexos.
  • El femenino es el término marcado de la oposición genérica y sólo se debe usar cuando lo designado es únicamente femenino.
  • Es más correcto decir “el hombre” que “la humanidad.”
  • Lo masculino es varonil y enérgico y lo femenino débil y endeble.
  • El uso de la barra (alumno/a) elimina el lenguaje sexista.
  • Es más correcto “la jefe” que “la jefa.”
  • El inglés no es una lengua sexista porque sus sustantivos no tienen marca de género.
  • La lengua refleja la realidad.
  • Vivimos en una sociedad igualitaria para mujeres y hombres, por lo tanto el lenguaje no puede ser sexista.
  • Las palabras tienen género, no sexo. 
(Rodríguez Hevia. Construyendo contigo la igualdad: ¿Que es el lenguaje sexista?, 2003)



Espero hayan disfrutado esta actividad y los haya ayudado sobre su percepción del lenguaje y si se inclina más del lado femenino o del masculino. Y para terminar la entrada del día de hoy quisiera dejar una frase del libro La mujer, víctima y cómplice de la gran escritora nacional Yadira Calvo.

“El lenguaje es una manifestación de conciencia y un indicio seguro de categorías mentales, del mismo modo que los mitos y leyendas no son simples fantasías de cerebros afiebrados, sino manifestación colectiva de modos de interpretar la realidad con una fuerte carga de emoción y dramatismo” (La mujer, víctima y cómplice, 1981: 35).

lunes, 18 de marzo de 2013

ORIGEN DEL IDIOMA ESPAÑOL.

IDIOMA ESPAÑOL.

El idioma español se originó en la región suroeste de Europa conocida como la Península Ibérica. En algún momento a finales del siglo 6 A.C., los primeros habitantes de la región, los ibéricos, comenzaron a mezclarse con los celtas, pueblos nómadas de Europa central. Los dos grupos formaron un pueblo denominado Celtibéricos, hablantes de una forma de celta.
Bajo el gobierno del imperio romano, en 19 A.C., la región se hizo conocida como Hispania, y sus habitantes aprendieron el latín de comerciantes, colonizadores, administradores y soldados romanos. Cuando el latín clásico de las clases educadas de Roma se mezcló con las lenguas pre-romanas de los ibéricos, celtas y cartagineses, apareció una lengua llamada latín vulgar. Siguió los modelos básicos del latín pero tomó y añadió palabras de otras lenguas.
Incluso después que los visigodos, tribus germánicas de Europa oriental, invadieron Hispania en el siglo V D.C., el latín continuó siendo el idioma oficial del gobierno y la cultura hasta aproximadamente el año 719 D.C., cuando grupos islámicos de habla árabe del norte de África, llamados los moros, completaron su conquista de la región. El árabe y un dialecto afín llamado Mozárabe se hablaron ampliamente en la España islámica, excepto en unos cuantos reinos cristianos lejanos que se encontraban en el norte, como Asturias, en donde el latín vulgar sobrevivió.

Durante los siglos subsiguientes, los reinos cristianos reconquistaron paulatinamente la España en propiedad de los moros y retomaron el país lingüística, política, militar y culturalmente. Como los cristianos se trasladaron al sur, sus dialectos del latín vulgar se volvieron dominantes. En particular, el castellano, un dialecto que se originó en las llanuras del norte, se llevó a las regiones del sur y este castellano y andaluz
El idioma que resultó fue un idioma híbrido porque el castellano tomó muchas palabras del mozárabe, y se calcula que el español moderno cuenta con aproximadamente 4,000 palabras con raíces árabes.

La creación de un idioma español estandarizado basado en el dialecto castellano comenzó en el año 1200 con el rey Alfonso X, quien fue llamado el rey-erudito de Castilla y León. Él y su corte de eruditos adoptaron la ciudad de Toledo, un centro cultural en la planicie central, como la base de sus actividades. Ahí, los eruditos escribieron obras originales en castellano y tradujeron historias, crónicas y obras científicas, jurídicas y literarias de otros idiomas (principalmente de latín, griego y árabe.) En efecto, este esfuerzo histórico de traducción fue un vehículo importante para la diseminación del conocimiento en la Europa occidental antigua. Alfonso X también adoptó el castellano para el trabajo administrativo y todos los documentos y decretos oficiales.
El dialecto castellano de España ganó amplia aceptación durante el reinado de los monarcas católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, quienes completaron la reconquista de España en 1492 al expulsar a los moros de su última fortaleza en la ciudad de Granada. Isabel y Fernando hicieron el castellano el idioma oficial en su reino. En el mismo año que los moros fueron derrotados, apareció un libro importante: Arte de la lengua castellana (The Art of the Castilian Language) de Antonio de Nebrija. Fue el primer libro para estudiar e intentar definir la gramática de un idioma europeo.
El dialecto castellano de Toledo se convirtió en el estándar escrito y educativo en España, aun cuando permanecieron varios dialectos hablados. El más notable fue el andaluz, un dialecto que se hablaba en la ciudad del sur de Sevilla en la región de Andalucía.



Publicación sobre el lenguaje sexista.


Sexismo lingüístico: de la punta del iceberg al glaciar

El lenguaje no solo está marcado por el género, sino, en general, por el arquetipo viril. Revisarlo requiere una revolución científica; ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora “anómalo” como normal


La publicación del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, en el que Ignacio Bosque evalúa guías de lenguaje no sexista, ha abierto un debate que se ha quedado en la punta del iceberg. Propongo prolongarlo para abordar lo que oculta en aguas más profundas y qué pasa con unos glaciares que siempre dijimos que acumulan hielos perennes y hoy se quiebran a un ritmo acelerado. Porque las palabras son instrumentos para el pensamiento y el conocimiento y el masculino constituye la pieza clave de las humanidades, las ciencias sociales, la política, el periodismo...
Bosque y otros proponen continuar utilizando el masculino porque muchas mujeres no nos sentimos excluidas. Cierto. Desde que en 1910 las mujeres pudimos acceder a la Universidad hemos asumido las palabras con las que se elabora el pensamiento y el conocimiento desarrollado en torno al concepto “hombre”. Sin embargo, tras profesar, muchas y algunos hemos detectado que el masculino supuestamente genérico no permite designar a los dos sexos porque está marcado y conduce a considerar a las mujeres una “anomalía”, de acuerdo con la explicación de Kuhn sobre las revoluciones científicas. La mayoría propone hacer visibles a las mujeres mediante un lenguaje no sexista y hacen aportaciones a las distintas disciplinas “con perspectiva de género”.
Por mi parte, la lectura atenta de numerosos textos me condujo a constatar que el masculino, tal como lo utilizamos en los debates públicos académicos, políticos, periodísticos, no abarca a las mujeres y tampoco a todos los hombres porque sólo considera humano el arquetipo viril.
La lectura de numerosos textos me condujo a constatar que el masculino no abarca a las mujeres y tampoco a todos los hombres
Por eso las mujeres nos podemos sentir incluidas en los masculinos, porque estamos donde queremos estar. Pero algunas los evitamos, conscientes de que afectan al objetivo de la cámara que utilizamos, reducen el enfoque sobre los seres humanos, dejan fuera parte de las relaciones sociales, borran matices, crean la ilusión óptica de que vemos lo universal y nos llevan a confundir lo particular con lo general. Y buscamos otras imágenes y palabras adecuadas a unas sociedades plurales y complejas que queremos cambiar para hacerlas justas y equitativas.
El primer indicio de que los masculinos restringen y tergiversan nuestro conocimiento lo encontré cuando regresé a la Universidad como profesora. Siendo estudiante, el enunciado “el hombre es el protagonista de la historia” me había permitido pasar de la versión tradicional de fechas, héroes y batallas, a otra que me ayudó a comprender el funcionamiento de la sociedad. Quise aplicar esta enseñanza a explicar la historia de los medios de comunicación y la cultura de masas. Y un día una alumna me recriminó que mi asignatura era “tan machista como todas las de esta casa”. Tenía razón. No mencionaba a las mujeres porque lo ignoraba todo. Para subsanar mi ignorancia leí y releí atentamente y advertí que la mayoría de textos académicos casi no hablan de las mujeres, que si lo hacen suelen utilizar expresiones negativas o ironías para aligerar párrafos densos… Y deduje que el hombre al que consideraba protagonista de la historia no incluía a las mujeres; los nombres propios ratificaban que solo abarcaba parte de los hombres; y las actuaciones que se les atribuían delataban que tampoco incluían a los seres humanos de sociedades a las que se menosprecia como primitivas, subdesarrolladas… Así, al preguntarme de quién hablamos cuando hablamos del hombre tuve que responder que este concepto está marcado por prejuicios androcéntricos, sexistas, adultos, clasistas y etnocéntricos, y no solo por el género, término que empezó a utilizarse para emular la cultura anglosajona.
“Para hacer grandes cosas hay que ser tan superior como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos y el amo a los esclavos”. Aristóteles definió así los rasgos del arquetipo viril, sabiendo que solo podía afirmar que ese hombre es superior diciendo que otras mujeres y hombres son inferiores. Y con esta pieza elaboró una explicación para influir en la organización de la polis y lo consiguió. Hasta nuestros días. Aunque los estudiosos y estudiosas actuales ofrecen una versión opaca de sus palabras al utilizar el masculino como si no estuviera marcado y al generalizar como humano lo que el filósofo solo atribuyó a algunos hombres. Además, eliminan aspectos de su análisis que son fundamentales para comprender tanto lo que dijo como el presente.
Proyectan hacia el pasado una visión centrada en lo público que menosprecia lo privado como si fuera insignificante o anómalo. Por eso no logramos entender qué hacemos y podemos hacer cada persona con nuestra economía doméstica en relación con los negocios del consumo transnacional, con una especulación financiera que se ha alimentado de hipotecas basura y ante los paraísos que promete la publicidad y los infiernos de la marginación que dramatizan las televisiones.
El concepto "hombre" que acuñó Aristóteles fue asumido en las universidades cristiano-escolásticas por los varones adultos europeos
No confiesan, como sí hizo Aristóteles, que consideramos “la guerra… un medio natural de adquirir bienes que comprende la caza de los animales bravíos y la de aquellos que nacidos para ser mandados se niegan a someterse”; que la guerra alimenta la apropiación privada y pública de bienes a expensas de desposeer a la mayoría de los recursos necesarios para su supervivencia; que dominar a otros pueblos no es algo espontáneo; que los varones lo han practicado tras ser cruelmente instruidos; que obliga a distribuir tareas entre mujeres y hombres adultos (“el hombre conquista y la mujer conserva”); y algunas atribuyen a los hombres toda la violencia y niegan cualquier complicidad de las mujeres, imprescindible para que las jóvenes generaciones perpetúen y amplíen el sistema. Por eso, ante una crisis que ya no permite ensalzar a los héroes ni proclamarnos superiores, porque África ya no empieza en los Pirineos, sólo sabemos alimentar el miedo… o entonar lamentos victimitas en beneficio de redentores profesionales.
Ciertamente, el concepto “hombre” que acuñó Aristóteles fue asumido en las universidades cristiano-escolásticas por los varones adultos europeos vinculados a la jerarquía eclesiástica que además debían ser célibes. A partir del siglo XII expulsaron a las mujeres, los judíos y los musulmanes de las universidades, como ha explicado Julia Varela. A medida que la cristiandad europea impuso su dominio sobre otros pueblos, transformó las relaciones sociales internas. Algunos hombres y mujeres antes excluidos nos hemos incorporado a los escenarios del poder y hemos tenido que asumirlos; y aunque la lengua se adapta a los cambios sociales, hoy sigue “firmemente asentado en el sistema gramatical del español”, como una “prisión de larga duración”, en palabras de Fernand Braudel.
Todo esto recomienda no usar el masculino como hasta ahora y tampoco sustituirlo por femeninos o doblar palabras. Y obliga a ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora “anómalo” como normal: a promover una revolución científica que permita hacer diagnósticos rigurosos de los problemas de nuestras sociedades para encontrar remedios eficaces. Ardua tarea en unos ambientes académicos que multiplican las evaluaciones, obligan a hacer y decir dentro de cánones estrictos y penalizan cualquier aventura.
Afortunadamente, como detectó Fernández Hermana en los noventa, más allá de estos monasterios hay vida. Otros científicos han generado instrumentos que facilitan elaborar explicaciones plurales, desde diferentes posiciones, en red, de forma cooperativa. Pero para no limitarnos a copiar y pegar hemos de pasar de la punta del iceberg al glaciar de la cultura occidental y preguntarnos con Donna Haraway: “¿Con la sangre de quién se crearon mis ojos?”.
Amparo Moreno Sardá es catedrática emérita de Historia de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sobre el tema que plantea en este artículo ha publicado (1986), El arquetipo viril protagonista de la historia; (1988), La otra ‘Política’ de Aristóteles; (1991), Pensar la historia a ras de piel; (2007), De qué hablamos cuando hablamos del hombre. Treinta años de crítica y alternativas al pensamiento androcéntrico.




Campaña Educacion No Sexista

LENGUAJE SEXISTA
Recuperado de : http://www.youtube.com/watch?v=610okyzcfpU

jueves, 7 de marzo de 2013